Hoy, que me pedías las patatas fritas cuando me iban saliendo esa forma de pedacitos de corazones cuando las íbamos comiendo juntas, a tí, hija mía, mi pequeña gran niña, quiero dedicarte este post, con todo mi cariño, mi admiración, mi entrega, mi perdón y mi agradecimiento.
Te pido perdón,
A tí, por ser como soy, tan vulnerable, tan frágil como el cristal, y que tantas veces se me parte mi corazoncito en mil pedacitos, y que tú me le vuelves a reconstruir.
A tí, por no poder impedir que mis lágrimas salgan a escondidas.
A tí, que eres el caminar de mi vida, y que no me dás nunca la espalda.
A tí, que me levantas siempre cuando me caigo.
Te doy las gracias,
A tí, que me alimentas cada día, que me proteges con tus cálidos abrazos, con tus besos, y con tu cariño.
A tí, que eres mi semilla sin haberme elegido, y que estás siempre a mi lado.
A tí, que aprendo, cada día, de tu madura niñez, y que cuando tropiezo, aprendo contigo de mis errores cometidos.
A tí, que tu amor es mi entrega, mi constante dedicación, mi palpitar y mi vida.
A tí, mi pequeña gran hija, yo te doy las gracias por ser mi aliento, mi prolongación, mi motor, mi fuerza y mi energía.






