Cuando era niña, recuerdo que mi madre me decía: "no metas los dedos en el enchufe", pues basta que me lo prohibiera para ir a meterlos, de esta forma por mí misma comprobaba la sensación tan desagradable que me producía meter los dedos en el enchufe por el calambre, así que una vez experimentada esa sensación tan desagradable, ya no volvía a meterlos.
Cuando fuí adolescente, sabía que no era bueno fumar, pero para experimentar la sensación de ser mayor, comencé fumando mi primer cigarrillo, dándome cuenta por mí misma, después de los años, de que, efectivamente, el tabaco perjudica y puede matar.
A los adultos les pasa lo mismo, por ejemplo, si por cuestión de salud el médico les prohibe comer cierta clase de alimentos, basta que no puedan comerlos para que les den ganas de probarlos, y de esta forma, sabiendo que aunque no se deben comer, los prueban.
Con esto quiero decir que parece como si lo que está prohibido nos pareciera lo más interesante, lo que nos atrae, porque produce morbo, y en cambio, por lo que está permitido perdiéramos interés por no parecernos interesante.





