Los seres humanos, desde que nacemos, tenemos que ir adaptándonos a todo tipo de cambios; cambiamos de colegio, de juguetes, de ropa, de muebles, de casa, de trabajo, de móvil, de amigos, de pareja... y, aunque algunas veces resulta muy doloroso, no nos queda más remedio que aceptar las circunstancias según nos vengan.
Uno de los temas que a nadie nos gusta hablar es el de la muerte, y siempre que podemos intentamos evitar la conversación, lo cierto es que, no estamos preparados para aceptar la última etapa de la vida, cuando deberíamos verlo como algo normal, porque precisamente, la muerte, es la última etapa, el fin del camino de la vida, algo que un día ocurrirá y de la que nadie puede escapar.
Cuando alguien cercano se nos va para siempre, nos sentimos desamparados por el desapego de su separación, como si un trocito de nuestra alma se arrancara por la pérdida, sintiendo el inevitable dolor y posterior duelo, algo dificil de asimilar y aceptar.
Cuando alguien cercano se nos va para siempre, nos sentimos desamparados por el desapego de su separación, como si un trocito de nuestra alma se arrancara por la pérdida, sintiendo el inevitable dolor y posterior duelo, algo dificil de asimilar y aceptar.
Por eso es importante, estar preparados para aceptar los cambios, las pérdidas, las despedidas, y sobre todo, la muerte, por lo que, deberíamos mentalizarnos aceptándola con naturalidad, como si fuera una etapa más de la vida, ya que algún día nos visitará sin llamar a la puerta.







